Boda con vistas al mar

Cuando las vistas hablan por si solas.

Desde el principio lo tuvimos claro: aprovechar al máximo las vistas, dejar que el paisaje hiciera su magia y construir la boda alrededor de eso. Solo podian existir dos colores, el azul y el blanco. Ceremonia con el mar como testigo, espacios pensados para que los invitados no se perdiesen ni un segundo del paisaje y una celebración donde todo fluía de forma natural!

Fue una boda muy gallega, de las de reír, brindar, emocionarse y volver a reír. Hubo sorpresas, discursos que no estaban en el guion, bailes improvisados y a golpe de bombo de A Guarda y ese tipo de instantes que no se planean… pero que pasan cuando todo está bien pensado. Una boda vivida a lo grande, con personalidad y con unas vistas al mar que lo elevaban todo.

Y como dice El Principito… «Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres.»

NO ESPERÉIS MÁS...

Es muy importante
reservar fecha.

Si estáis pensando en casaros, conviene reservar la fecha lo antes posible para poder planificarla con tiempo y disfrutar juntxs del proceso como se merece.

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